Las ruinas de Machu Picchu en Cusco, Perú, sobrecogen. Si uno conserva pulmones y entusiasmo para escalar hasta la cima del Huayna Picchu (la montañita del fondo) recorre sus centenares de escalones de piedra a más de 2.500 metros de altura pensando en cuán avanzada debía de ser esta civilización, que tuvo la mala suerte de cruzarse en su apogéo con otra civilización bastante potente, que tenía como ventaja competitiva disponer de una “internet” de intercambio de conocimiento llamada Mediterraneo.

A través de las aguas del mediterraneo, y durante 30 siglos, un par de docenas de culturas diferentes se habían enriquecido mútuamente y se habían empujado a un dominio técnico sin precedentes, a pesar de haber pasado casi 15 de esos siglos sumidos en las más absolutas tinieblas religiosas. Cuando los incas se cruzaron con los españoles, dominaban conceptos astronómicos básicos, arquitectura a prueba de terremotos, evolución genética en los cultivos, numeración (sin el cero)… Los españoles dominaban las cartas de navegación, el uso de la pólvora, la mecánica, el potente uso del cero y la escritura.
Nada de esto lo habían inventado los españoles: había llegado en barco a través del mediterraneo en las sucesivas invasiones sufridas por hispania. Griegos, romanos, fenicios, cartagineses, visigodos, islámicos… Todos llegaron a hispania con la espada en la mano, pero todos dejaron su conocimiento cuando se replegaron (o fueron replegados). Conocimiento que persiste, conocimiento que queda escrito.
Si el conocimiento no persiste, no se puede reflejar en un medio persistente como la piedra, un papiro, un libro o un dvd, a la larga no queda nada. Uno pasea por las ruinas de Machu Picchu preguntándose una y otra vez como una cultura que dominó más de 1000km cuadrados no dejo ni un sólo símbolo, ni escritura, ni una sola huella de su conocimiento que poco más que piedras orientadas a los puntos cardinales. Una cultura que no se hace persistente es una cultura condenada al olvido.
Otros vendrán que la harán innecesaria, y nada quedará para explicarla, ponerla en valor, honrarla, y darle la importancia que se merece.
En Cierzo Development rastreamos diariamente terabytes de información producida en internet. Poco a poco se va creando un histórico de varios años de antigüedad que refleja un período de la historia de España apasionante. Todas las preocupaciones de los españoles, su cultura, sus modas, sus obsesiones, persisten en nuestros sistemas de almacenamiento. Esa información, que puede ser transferida a un dispositivo físico de un tamaño menor a un monitor como el que utilizas para leer este post, es infinitamente más de lo que conservamos de los incas.
Se trata de la conciencia colectiva viva de un pueblo, que dentro de un tiempo tendrá un valor incalculable. Como las hemerotecas de los periódicos o los jeroglíficos en las cámaras de las pirámides. Quizás los incas tuvieron un código ético tan avanzado como el que se refleja en el libro de los muertos (que es la base de los 10 mandamientos), pero probablemente nunca lo sabremos porque cultura que no va portada sobre un medio persistente camina con paso firme hacia el olvido.