La vida sonreía a José Luis, Imasdiño y Mariano, que además de amigos, eran miembros de una de las traineras más afamadas del norte de España, la Hidalgia III. Era una de las traineras más potentes y dinámicas, y no parecía que esto fuera a cambiar en mucho tiempo. Sin embargo, un día de triste recuerdo uno de los compañeros se quejó del rol que Imasdiño jugaba en la trainera. “Todos somos altos, fuertes y elásticos menos Imasdiño” dijo. “Es verdad que fue idea de Imasdiño aquella revolucionaria manera de sincronizar nuestra remada con los trenes de olas, y también el cambiar los materiales del interior para ganar algo de velocidad; pero Imasdiño no es tan fuerte como nosotros, se fatiga enseguida, en conjunto nos retrasa. Creo que debería de salir del equipo para que entrara alguien igual de fuerte, dispuesto a trabajar todo lo que sea necesario como el resto”. Aunque José Luis y Mariano querían mucho a Imasdiño, no eran precisamente ese tipo de personas que se atreven a contradecir a la mayoría, así que con gran pena de su corazón Imasdiño dejó el equipo.
Las siguientes tres regatas confirmaron que la decisión había sido la correcta. Con más músculo sobre la barca se impusieron con claridad, y extrañamente su gran rival, la trainera Germania, que ya contaba con un tipo enclenque como Imasdiño, había fichado a este. Ahora Germania tenía cargar con dos “tipos listos” en la trainera, por lo que en los segundos tramos perdía terreno con claridad frente a las musculosa Hidalgia III. Qué gran acierto había sido soltar lastre!
Las cosas se pusieron complicadas en la quinta regata. Germania III apareció con un nuevo tipo de remos recortados idea de Imasdiño, y sorprendentemente trabajando mucho menos se impusieron con claridad. Que trago más amargo. Ser derrotados precisamente por una de las buenas ideas de un exmiembro del equipo. La preocupación cundió rápidamente. “Ahora la diferencia es tan grande, que el patrocinador podría llegar a quitarnos la ayuda. Para seguir compitiendo, debemos de aparentar que seguimos siendo los mejores” dijo José Luís. Así que Hidalgia III tiró la casa por la ventana y pintó la embarcación, remodeló el almacén, e incluso pavimentó un carril bici para el entrenamiento. Llamaron a este proyecto Plan H, de Hidalgia. Este proyecto acabó con los ahorros de muchos años, pero por lo menos consiguieron mantener el patrocinador.
Sin embargo la siguiente regata fue todavía más amarga que la anterior. La trainera Germania se presentó con un nuevo tipo de casco reforzado que permitía ganar muchos segundos con viento de frente, y a pesar de que Hidalgia III peleó como nunca, mucho más que su competidora, salió de nuevo derrotada. “Esto ha sido idea de Imasdiño” dijo Mariano en un tono de reproche a sus compañeros. José Luis asintió. Ambos sabían que expulsar a Imasdiño del equipo había sido un error garrafal, pero ya se sabe que ambos no eran precisamente el tipo de personas que se atreven a contradecir a la mayoría. “No podemos seguir manteniendo el nivel de gasto actual, propongo que dejemos de mantener las instalaciones, que sólo comamos una vez al día, y que entrenemos el doble que ahora: 12 horas diarias” dijo Mariano. Los demás asintieron convencidos. Puede que esos orgullosos de la trainera Germania tuvieran dos “cerebritos” en la embarcación, pero ellos eran mucho más fuertes y estaban dispuestos a esforzarse muchísimo más.
La siguiente regata fue la constatación de que algo había cambiado para siempre. Germania presentó un nuevo timón que le permitía ejecutar giros de un arco nunca visto hasta entonces. Además, la tripulación del Hidalgia III estaba famélica de comer la mitad, y las excesivas horas de entrenamiento pasaron factura al minuto de regata, haciendo uno de los peores tiempos de toda la serie histórica de la trainera. Al final de la regata, el patrocinador retiró su ayuda al equipo.
Aquella noche, frente a una botella de vino, Mariano y José Luis se encontraban absortos en sus propios pensamientos. Les hubiera gustado gritar que la culpa era de los que habían insistido en expulsar a Imasdiño. Les hubiera gustado ponerse frente al resto del equipo y haberles dicho que si los tipos listos abandonan el barco se gana velocidad, pero el futuro está perdido. Les hubiera gustado sugerir, que digo, exigir, que no sólo volviera Imasdiño sino que hubiera dos tipos listos en la embarcación. Ambos se daban cuenta de que el debate no estaba en gastar mucho o gastar poco, sino en gastar con inteligencia, y sobre todo, de gastar EN inteligencia.
“Mariano, quizás si nos esforzamos más en la siguiente regata con un poco de suerte y si el viento está de nuestro favor, podríamos imponernos al Germania y así recuperaríamos al patrocinador”. Mariano guardó silencio mientras una sola pregunta le venía a la mente: “Y luego qué?”. Al rato, fue Mariano el que intentó levantar los ánimos: “Igual tienen un mal día porque han comido algo en mal estado, y entonces nosotros lo hacemos bien y vuelve el patrocinador”. José Luis esbozó una mueca de sonrisa mientras en su interior se preguntaba una y otra vez “y luego qué?”.
Mariano y José Luis se dieron un apretón de manos y se encaminaron a su casa. Sabían que no recuperar a Imasdiño era casi como decir que en pocas regatas la Hidalgia III dejaría de competir y el equipo cerraría para siempre, pero si se enfrentaban a la mayoría perderían su sitio en la trainera. Era preferible mantener su asiento, aunque no fuera a durar mucho. Así que ambos se encaminaron con el gesto serio hacia sus casas.
